Es necesario que el extranjero que planea radicarse en los EEUU borre de su mente las imágenes urbanas, "neoyorquinas" que ve en la mayoría de las películas y series de televisión. Paisajes urbanos densos, compactos, llenos de peatones, como los que se ven en la ficción, son la excepción en los Estados Unidos más que la regla. La mayoría de las 20.000 ciudades estadounidenses presentan un paisaje chato y amorfo, sin peatones, con edificios bajos y muy espaciados entre sí.
No hay esa mezcla de viviendas particulares, comercios y lugares de trabajo que vivifica el "tejido urbano" en otras ciudades del mundo. Tampoco se alienta que gente de distinta extracción social viva cerca una de otra.
En lugar de eso, el paisaje urbano estadounidense asume casi constantemente que el habitante circula en automóvil. Las calles son anchas y bien señalizadas, y a ambos lados el conductor ve parcelas de negocios de una planta, muy separados entre sí, cada uno en en centro de su propia playa estacionamiento.
A veces los negocios se agrupan en "strip malls", que son básicamente una playa de estacionamiento rodeada de una "tira" de locales comerciales ubicados todos juntos con una fachada común, sólo diferenciables por sus letreros.
Las zonas residenciales son: o bien complejos habitacionales cerrados, con acceso vehicular, o bien barrios de viviendas unifamiliares tipo "chalé" (techo a dos aguas, garage), de características y nivel socioeconómico similares. Actividades como salir a pasear, caminar a comprar leche en el almacén de la esquina, o mirar vidrieras por el barrio, han prácticamente desaparecido de los EEUU. Las calles (exceptuando una posible pequeña cuadrícula en el centro de la ciudad), tienen un trazado largo e irregular, frecuentemente de varios cientos de metros, y a menudo no forman manzanas ni ningún patrón geométrico reconocible. No tienen bocacalles cada tanto a intervalos caminables, y muy a menudo carecen de aceras. De las avenidas parten calles de inferior jerarquía que tampoco forman una grilla y a menudo no se conectan entre sí, sino que terminan en calles sin salida como los zarcillos de una raíz. El concepto imperante en otras ciudades del mundo de que si uno dobla siempre la izquierda terminará someramente el en mismo lugar, es inaplicable en las ciudades estadounidenses. El caminar ya practicamente se ha dejado de asumir como actividad en la vida diaria estadounidense. Cada edificio de una cierta envergadura (un supermercado, un estadio de fútbol, un museo, un edificio de oficinas, el Pentágono), tiene que contar, necesariamente, o bien con una extenso estacionamiento o bien con una cochera de volumen comparable a sí mismo. En general, la única actividad peatonal que desarrolla la mayoría de los estadounidenses es caminar el pequeño trayecto de la cochera a su lugar de trabajo y viceversa.
La poca densidad de población de las ciudades estadounidenses hace que, en general, el transporte público no sea rentable. De nuevo: el lector debe olvidarse de las imágenes de peatones entrando y saliendo del subterráneo, trepando a autobuses o parando taxis por la calle. En la mayoría de las ciudades estadounidenses no hay subterráneos, los servicios de autobús son infrecuentes e insuficientes bajo cualquier punto de vista, y para conseguir un taxi hay que llamarlo por teléfono.
Con la excepción del núcleo compacto de un par de ciudades, en general en EEUU sólo dos tipos de persona usan el transporte público: aquellos descastados que por algún motivo físico, legal, de edad o de extrema pobreza no pueden comprar un automóvil, y aquellos pocos afortunados cuyo domicilio y lugar de trabajo coinciden con el trazado de una línea de transporte. El resto usa su automóvil particular.
Esta situación es tan alienante, que para un adolescente estadounidense es un "rito de pasaje" muy importante el poder conseguir acceder a un automóvil y obtener licencia de conducir. Amén del obvio aumento de "status" que representa contar con auto propio, el joven estadounidense está severamente circunscripto en su libertad de movimiento, y depende de la buena voluntad de un adulto o amigo mayor que consientan a llevarlo a donde quiera ir.
Otro cliché muy común de la sociedad estadounidense son las "madres del fútbol" o "soccer moms", amas de casa que viven en los zonas residenciales y que invierten una gran parte del día en conducir a sus hijos en automóvil ida y vuelta, primero a la escuela, y luego a alguna actividad extraescolar como el fútbol.